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Hanoi | La París del Este

Actualizado: 6 de ago de 2018



Luego de 3 días en Dubai, emprendimos camino hacia nuestra puerta de entrada en el Sudeste Asiático. Tras varias horas de escala en Bangkok, el Airbus A-321 de Vietnam Airlines nos condujo hacia Hanoi, capital de Vietnam y segunda ciudad más grande del país, detrás de Ho chi Mihn.


El contraste con Dubai no pudo haber sido mayor. Hanoi es una ciudad caótica con más de 7 millones de habitantes, donde aproximadamente uno de cada tres de ellos circula en ciclomotor. Cruzar las calles resulta toda una aventura, especialmente en el Old Quarter: no existen semáforos ni sendas peatonales, y en la mayoría de las arterias no existe un sentido de circulación definido. El sonido omnipresente es el de las miles de bocinas de los escasos coches e infinitas motocicletas.



Ante nuestra perplejidad recibimos un consejo para cruzar las calles que, a pesar de sonar peligroso, terminó resultando de suma utilidad: "avancen, muéstrense decididos, no se detengan, los vehículos los van a esquivar". Eso hicimos (con cierto temor al principio, debemos reconocer) y salimos airosos.


Nos hospedamos en un hotel en la zona del Old Quarter, sin dudas “el barrio” si lo que están buscando es sumergirse en el típico ambiente vietnamita. Para aquellos que prefieran el estilo y la clase, podrán encontrar su lugar en el refinado French Quarter, dónde los franceses construyeron sus mansiones durante la época de la ocupación. De todas formas, cualquiera sea el lugar elegido, ambos barrios deben ser visitados!



El lago Hoan Kiem es otro punto imprescindible de la ciudad. Situado entre el Old Quarter y el French Quarter es uno de los puntos de reunión de los locales: se los puede ver caminando, haciendo deporte o simplemente en una pausa de su rutina diaria. Es también parada habitual de las parejas para realizar sus fotos de casamiento; en nuestros 2 días en la ciudad tuvimos la chance de ver varias sesiones fotográficas de mujeres con sus vestidos de bodas.


Comer en el Old Quarter es otra experiencia única, pues la gente cocina y come en la calle, o en restaurantes con grandes mesas comunes donde es casi imposible hallar un menú escrito en un idioma distinto al vietnamita. Nuestra primera noche, abrumados por el “shock cultural” probamos suerte en un sitio repleto de vietnamitas pero que al menos poseía fotos de los platos, lo que facilitó nuestra elección. Resultado: comimos rico y muy barato.



Durante la noche, las calles del Old Quarter tienen vida propia, con gran cantidad de gente caminando, ferias donde es posible encontrar los más diversos productos: desde calzado deportivo hasta fruta con picante, pasando por todos los rubros que se les puedan ocurrir.


Hanoi es, sin dudas, un lugar para volver.


Alberto

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