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Budapest | El recuerdo del comunismo.



“Hungría siempre eligió aliarse al bando incorrecto”. Con esta frase, un guía oriundo de Budapest, sintetiza de manera magistral las peripecias vividas por el pueblo húngaro a lo largo de casi todo el siglo XX.



En efecto, el Imperio Austro-Húngaro fue disuelto luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial, perdiendo Hungría gran parte del territorio. Años más tarde, en la Segunda Guerra, el país se alió con la Alemania Hitleriana; el resultado no pudo ser peor: hacia el final de la contienda los alemanes se refugiaron en Budapest y bombardearon sus puentes para dilatar lo inevitable: la entrada del ejército ruso que, tras liberarlos del yugo germano, sumergió al país en más de 40 años de dictadura comunista.



Budapest tiene por ello su propia Estatua de la Libertad: erigida por los soviéticos en 1947 y colocada en la colina Gellert, que conmemora la liberación de Hungría tras la ocupación alemana. Paradójicamente los responsables de la construcción del monumento fueron también los mismos que sometieron al país al denigrante régimen bolchevique por más de 4 décadas.



Es precisamente ese pasado de ocupación germana y soviética el que podemos recorrer turísticamente en Budapest; y constituye una visita imprescindible para los amantes de la historia y para todos aquellos que aún conservamos viva en nuestra retina la imagen de la caída del Muro de Berlín, aquél icónico 9 de Noviembre de 1989.



Situado en la refinada Avenida Andrassy, a pocos metros de la Opera, se encuentra el museo denominado “La casa del terror”. Se trata de un edificio que posee el triste antecedente de haber sido utilizado como cuartel del partido nazi húngaro para convertirse luego, en la época comunista, en la sede de la policía secreta.



El recorrido audiovisual es una invitación a la instrospección y cala profundo en los sentidos (y sentimientos) del visitante. Al ir atravesando las salas se toma conciencia de esa doble realidad intrínseca a cualquier totalitarismo: mientras desde el aparato propagandístico del Estado se muestra una sociedad feliz, se suceden persecusiones, torturas o encarcelamiento para quienes se oponen al régimen. Resulta particularmente estremecedor el recorrido final de la visita: la cárcel que funcionaba en el sótano del edificio.



El otro hito vinculado al comunismo es Memento Park, un parque que alberga las estatuas de la época bolchevique que otrora ocuparan espacios centrales en la bellísima Budapest. En un amplio predio conviven esculturas de personajes centrales de la Revolución Rusa junto a otras que pretenden reflejar valores o ideales del régimen soviético.


La visita atraviesa imágenes de lo más diversas: Lenin, una versión cubista (una rareza en el arte soviético) de Marx y Engels, la reproducción de las botas de Stalin pertenecientes a la escultura derribada en la revuelta popular de 1956, soldados soviéticos tendiendo la mano a trabajadores húngaros, entre otras. Es recomendable pagar el ticket que incluye la visita guiada, pues ello permite apreciar la verdadera dimensión histórica de lo que se está viendo: un verdadero museo al aire libre de una de las etapas más emblemáticas del siglo XX.


Al finalizar el recorrido y mientras regresamos al centro de la ciudad, pienso que transformar un cementerio de estatuas comunistas en una atracción turística es, quizás, una síntesis perfecta del capitalismo.


Alberto

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